viernes, 18 de diciembre de 2009

0 La espera

Una de las situaciones asociadas estrechamente al tiempo, es la sensación que genera en quien debe aguardar a que este cumpla sus ciclos determinados, en pocas palabras, la espera.

Casada con el tiempo futuro, la señora espera es una constante de vida.

Yo esperaba con ansias la hora del recreo, la luz de la mañana del seis de enero, los días de juego en cancha grande, el día de mi primera comunión, el día en que ella volteara a verme siquiera, el día en que terminara la sequía de pareja (que duró mucho tiempo), el día del estreno de la película que siempre quisimos ver.

El día en que veré a mi hija, en el que me sonreirá, en el que la pueda disfrutar más tiempo.

La espera es una rutina que forma parte de nuestras vidas, como en todo, aguardamos para bien y para mal.

Definitivamente hay cosas que esperamos que nunca sucedan, aunque leyes superiores determinen que irremediablemente pasarán.

El esperar está permeado por nuestros deseos y la frustración es el resultado de una espera fincada en la necedad de lo que a veces no puede ser, aunque así lo sepamos.

No sé hasta donde la esperanza esté asociada a la espera, pero comparten algunas características, lo que las hace diferentes es la carga de fe que le ponemos a esta última.

Prefiero que mis esperas sean con fe para anexarle un filtro de optimismo a lo que el futuro depara.

La decisión es personal y el hecho de que haya esperas más prolongadas es porque el señor tiempo y la señora espera, ya tienen un horario definido desde hace mucho.

¿Tú qué esperas?

Mientras esperamos a que pienses a mi lado las ventajas de una espera esperanzadora, te dejo una canción, ojalá la disfrutes.


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