Luego de alrededor de veinte años, tal vez más, murió el cotorrito, mascota característica de la casa de mis papás, ¿sentí feo?, sí.
Solía chiflarle y el animalito con el reflejo instintivo de su raza, contestaba, cosa que siempre me parecía un milagro de Dios, como cada cosa que él crea.
Cuando llegó a casa era la novedad y creo que jamás dejó de serlo, comía semillas de girasol, sacaba su cabeza por la jaula y me permitía acariciarle.
Un choque frontal con mi estado de ánimo que hoy se ha tornado profundamente triste, ¿a quién le gusta estar solo?
Status vespertino: No tan bien como quisiera.
0 comentarios:
Publicar un comentario