lunes, 25 de enero de 2010

0 Salvador

Ayer se escribía en este espacio, entre otras cosas, de los ídolos deportivos que tienden a ser imitados por quienes los admiran.

La afición de un servidor por el club América de México tiene su génesis por ahí de 1986, bueno, es cuando el disco duro de este cerebro empieza a registrar en forma.

Una enorme cantidad de emociones frente al televisor y esporádicas en el estadio han dado a esta afición una base para sentirse parte de la familia americanista, emociona ver jugar al equipo cuando hace las cosas bien, cuando no, pues también emociona porque en el fútbol las cosas son así.

Cuando se presentó la oportunidad de ver jugar a Salvador Cabañas en el club jaguares de Chiapas, era notoria su capacidad, inteligencia y espectacularidad para jugar, la única imagen que tengo de él vistiendo la camiseta naranja es metiendo un gol desde media cancha y festejando altivamente en pose de soberbia, cosa que me gustó.

Una figura de su tamaño tenía que llegar al según yo, al mejor equipo de México, era lógico que así pasara, cuando llegó era evidente que estaba en el mejor sitio.

Noventa y tantas veces grité gol y sonreía incluso cuando el tiempo ya no daba para que el equipo se recuperara de la inminente derrota.

Chivas, Cruz azul, Toluca, Pumas, cualquiera de los grandes han tenido el honor de recibir un gol de tan notable figura.

De su mano el América escribió una de las páginas más brillantes del fútbol mexicano cuando en un juego que estaba "perdido" ante el Flamengo, un club brasileño, metió tres goles de visitante y se instaló en semifinales de la copa Libertadores.

Hoy se debate entre la vida y la muerte por algo que muchos ya saben...

¿Qué importa si no le metió gol al Monterrey en los cuartos de final de la temporada pasada?

¿Qué importa si no va al mundial?

¿Qué importa si estaba de madrugada en un bar?

¿Qué importa si no vuelve a jugar fútbol?

Salvador debe anotar en este partido que tiene contra una bala que reposa en su cabeza, debe ganar porque es fuerte y porque Dios no debe permitir que quienes hacen de este juego algo sublime, se vaya tan pronto.

Dios escucha cuando se clama con el corazón, hoy son millones los que te lo piden, permite que se quede.


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