Luego de ver como sus hermanos eran tragados por el regordete chamaco que parecía no tener fondo, empezó a llorar, sus lágrimas eran tan dulces como la grenetina de las gomitas de sus ojos, azules.
Nada de esto estaría ocurriendo, pensaba, si tan sólo hubiera optado por los cochinitos de panela, esos puercos no merecen vivir, sin embargo siguen ahí, colgados sin alguien que se interese por ellos.
Todavía puedo escuchar sus risas burlonas, oinc ja ja ja ja oinc, no saben que pronto los retirarán del estante para tirarlos a la basura, estúpidos. Ya deben estar caducados desde hace mucho.
La mano gorda del hijo del carnicero entraba en la bolsa y buscaba más, sin mirar siquiera al interior por no perder detalle del programa de televisión.
Restos de las manitas de sus hermanos, alguna cabeza, un ojo de gomita reposaban esparcidos por el interior de la bolsa de celofán.
Apenas hace un par de minutos seguían juntos los 10; si bien era cierto que no era muy cómodo estar detrás de su hermano mayor y delante de su hermano menor, siempre bromeaban con la idea de que estaban formados para salir corriendo hacia la libertad.
-Oye nada más no me arrimes el botoncito de azúcar brother-, fue lo último que escuchó decir a su hermano.
Dos minutos, 120 segundos le tomó al voluminoso niño acabar con sus hermanos.
De repente, salió del estado de trance y escuchó su estómago hacer ruidos extraños, que hambre tengo, pensó, ¿y ahora?
Jamás había sentido hambre, ¿cómo es que me sucede esto? el diálogo interno era constante.
Sintió un impulso y tomó parte de su cubierta azucarada y se la llevó a la boca, sus ojos perdieron la órbita en una clara muestra de locura.
Empezó a reír como un psicópata, desquiciado por completo.
-Me voy a comer ja ja ja ja me voy a comer a mí mismo.-
Pronto comenzó a arrancarse los pies, las piernas y se las llevaba a la boca con desesperación, ni siquiera masticaba sólo tragaba.
Era un espectáculo insólito "¡autocanibalismo!"
De repente, escuchó a lo lejos:
-Hijo te dije que nada golosinas antes de la comida.
- Pero mamá
- Nada de peros mi bodoquito, deja ya esa bolsa.
- Bueno, está bien, además ni me gustaron estas porquerías, saben horrible, mejor cuando termine de comer me voy a comprar esos cochinitos de panela que vi en la tienda.
Al interior de la bolsa, el muñequito de galleta soltaba una carcajada aún más fuerte, la risa se transformaba en llanto poco a poco.
Todavía con hambre, se cortó el dedo, con una mueca de arrepentimiento, se lo llevó a la boca.
Fascinante la destreza del creador para expresar el tormento propio de ver la vida de terceros correr y acabarse enfrente de unos mismo y las salidas que pudieran tomarse perdiendose en uno mismo.
ResponderEliminarNo manches k buena historia muy fuerte claro, no esperaba ese final.
ResponderEliminarcreo k ya es tiempo k dejes de ir al cine estas quedando traumado
Es muy bueno, creo que te hace reflexionar, en diferentes sentidos de tu vida hay que preocuparse por lo importante y ocuparse y no mortificarse y ver como se acaban las demás personas.
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